QUE VIVA LA FIESTA BRAVA! POR: óscar mejía

viernes, 13 de junio de 2008

‘El niño sabio de Camas’, ahora ganadero, repasa su brillante historia

la de un torero genial al que parte de la crítica le reprochaba que su techo era más alto

Luis Nieto, Sevilla

Paco Camino paseando por las inmediaciones de la catedral de Sevilla. /Flores Esquivias

“Se hace camino al andar”; dice el poeta. Ypasito a pasito, siendo casi un niño, Paco Camino, tras salir de Camas, fue conquistando las plazas más importantes del mundo. Este Mozart del toreo, que musicaba la lidia con su capote y su muleta, sus chicuelinas y naturales y aquellas inolvidables estocadas perfectas, grabó su nombre con letras de oro en la historia de la tauromaquia. Por su precocidad le llamaron El niño sabio de Camas, aunque en aquel entonces hubiera querido ser mayor. Hoy, este torero con planta de senador romano y el pelo níveo, revive sus primeras andanzas taurinas. Camino, el de la difícil facilidad, el artista incómodo que se peleó en el ruedo de Aranjuez con El Cordobés por un quite, el que siempre dispuso del comodín de la genialidad, que enseñaba a su antojo, nos muestra hoy sus cartas.

–Paco, ¿por qué y cuándo decide hacerse torero?

–En mi caso, como en el de casi todas las familias de aquella época, la única solución para aspirar a cosas importantes era ser torero. Además, era lo que a mi me gustaba. Tenía afición. Pero creo que lo más importante es la necesidad. Yo, a los 10 años, ya me enganché a trabajar. Hice de todo: albañil, panadero, cortando hierba.

–El que su padre, Rafaelillo de Camas, fuera banderillero, ¿le marcó?

–Él no me podía ayudar. Yo era muy joven. Fíjese cómo empezó todo. Chicuelo padre me llevó a varios tentaderos, entre ellos a uno en Marqués de Albaserrada. Yo me ponía a torear. Tendría entre 12 y 14 años. Y a donde iba me volvían a llamar. Los ganaderos se fijaban en mí. Y me mandaban llamar, “¡Que venga el chavalillo ese!”. Yo luego iba solo. Porque era solitario.

–Supongo que viviría mil y una anécdotas.

–Ahora recuerdo un viaje. Tendría 13 o 14 años. Fue mi primera experiencia fuerte y me dejó huella. Nos escapamos de casa tres o cuatro chavales. Salimos de Camas. Nos colamos en el tren. Yo me escondía debajo de un asiento, para no pagar. Nos detuvo la Guardia Civil y nos pidieron el permiso paterno. Nos retuvieron en Jerez. No nos hicieron nada. Pero tuvo que ir a sacarnos un familiar. Fue la madre de Juanito Cruz, que luego fue novillero. Cuando estaba en la estación me dijeron: “No aparezcas más por aquí”. Y contesté: “Cuando vuelva a Jerez lo haré en coche”. Cuatro o cinco años después fui a torear a Jerez y mi entrada en el pueblo y en la plaza fue como yo quería: en coche.

–El torero, ¿nace o se hace?

–Creo que nadie nace sabiendo. Llega un momento en el que en la vida no tienes escapatoria y eliges algo pensando en el día de mañana. Eso les pasa a todos, desde los futbolistas a los arquitectos. Decides que te gusta algo y lo que quieres es aprender para llegar en ello a lo más alto.

–Pero críticos y aficionados han dicho que usted nació para el toreo...

–Yo lo que hice fue mucho campo y me fijaba mucho en todos. En la corrida veía siempre los seis toros, los que yo lidiaba y examinaba los de mis compañeros. Así, mientras otros charlaban en el callejón, yo cogía experiencia, viendo como sale el toro, lo que hace en la lidia, cómo reacciona... todo.

– ¿Cómo se preparaba?

–Como no tenía dinero para ir a los toros, mirando a los toreros cómo entrenaban en Camas. Mirando a El Cobo, El Pío, Curro Romero, Marqueño.

– ¿Hacía ejercicio físico como ahora?

–Me echaba el paseíto porque me obligaban. Algunos se echaban sus carreritas. Yo no corría. Era el primero en cansarme de andar y me volvía para atrás. El torero no tiene que correr, si no estarse quieto. Con torear ya haces ejercicio suficiente.

– ¿En quién se fijo?

–En nadie. Quien me gustaba era Ordóñez. Pero no podía verle. No tenía dinero. Yo tenía una gran afición. Llegaba al Colón, a ver salir a los toreros camino de la plaza. Me iba corriendo y los veía entrar en la plaza.Y luego me marchaba andando a Camas.

– ¿Qué buscó en el toreo y qué quiso expresar?

–Lo máximo. He tenido suerte. Y la suerte es necesaria que te acompañe. Pero cuando pasa tienes que cogerla y no soltarla. En mis comienzos triunfé muy pronto en Zaragoza y Barcelona. En ésta plaza toreé un año 23 novilladas.

–Ahora que menciona estas dos plazas, ¿Qué relación mantuvo con Sevilla?

–No he sido predilecto de Sevilla. Cuando salí disparado de Zaragoza y Barcelona llegué a Sevilla con mis exigencias. Si no las aceptaban, pues no pasaba nada. A mí la plaza de Sevilla ni me ha dado, ni me ha quitado nada. No me preocupa mucho. Toreé varias novilladas seguidas y salí por la Puerta del Príncipe en 1959. Las plazas de Madrid, Bilbao, Pamplona, Valencia, Bayona, La México son plazas donde toreaba todos los años y Sevilla entraba dentro del conjunto de todas.

–Ningún torero español ha calado tanto en México como usted ¿Cómo se mantiene esa relación?

–Hace tres años fui la última vez. Iba de un homenaje a otro. La gente se acercaba a mí con mucho cariño.

– ¿Quiénes fueron sus toreros predilectos y quienes le interesan de los de hoy?

–Rafael Ortega, Ordóñez, Aparicio, Luis Miguel. De los jóvenes, José Tomás, el primero, porque intenta torear como se toreaba antes: bien. Y me gustan Perera, al que sigo desde cuando era novillero y que cada día está más cuajado y torea mejor, El Juli, Ponce y Talavante, entre otros.

–En su caso, ¿dónde estuvo la clave del éxito?

–Yo quise ser un torero clásico, con mi manera de ser, de torear y no parecerme a nadie.

–Sobre ese tema debaten mucho los aficionados. Dicen que en su época había muchos toreros con personalidades distintas ¿Es así?

–Los toreros se parecen ahora muchísimo; salvo los tres o cuatro que se distancian. En mi época había mucha variedad. Más personalidad, dentro del clasicismo. Creo que se debe a las escuelas, que son buenas para educar a un chaval, pero no para hacer un torero bueno.

– ¿Y en competencia?

–Antes había más competencia. Por lo menos se notaba más en la plaza, con más quites.

–Hasta el punto de que en Aranjuez llegó a las manos con El Cordobés.

–En la plaza se caliente uno pronto. Entra en tensión y no se puede controlar. Son cosas del toreo.

–En ese sentido, los toreros de hoy son más correctos.

–Son más educados (se ríe). El Cordobés y yo estuvimos sin hablarnos un par de meses. Lo que no entiendo es que hoy se besen en un patio de cuadrillas. Cualquiera le daba un beso a Luis Miguel, a Ordóñez o a Rafael Ortega. Yo al único que le daba un abrazo en el patio de cuadrillas era a mi compadre, Diego Puerta. Si le doy un beso me da una hostia. En la plaza hay que tener muy mala leche. Hay que intentar ser el mejor. Otra cosa es la calle, donde tienes que ser una persona normal. Pero en la plaza... a mi nadie me gana la pelea.

–Gonzalo Carvajal le puso el sobrenombre de ‘El niño sabio de Camas’.

–No me gustó aquello. Yo tenía 20 años y lo que quería era ser mayor.

– ¿Qué le queda de ‘aquella niñez’?

–Yo ahora me acuerdo mucho de mis comienzos y sueño cuando comenzaba a torear.

–Si hablamos de valor...

–Lo da la confianza. Claro, para ponerse delante de un toro hay que tener un mínimo de valor. Y hay que ser inteligente para expresarte delante del toro, pensando en la misma cara para sorprender. Eso es lo más difícil ¡Como lleves echa la faena desde el hotel estás arreglado!

–El miedo

–Es descontrol. No lo he padecido muchas veces porque he sido tranquilo. Yo para torear no lo pasaba ni mal ni bien. Vamos, que yo dormía más que un lirón. Tenía que llamarme mi hermano –mozo de espadas– antes de torear. Entonces me preocupaba por la corrida. Antes no tenía preocupación. Para ser torero hay que tener temple.

– ¿Y hubo algún toro que le trajera por la calle de la amargura?

–Un toro de Galache en Vinaroz. Miraba de una manera especial y pensé “no me va”. Cogió a todos los banderilleros. A todos. Menos a mí. Me trajo de cabeza. Yo tendría 26 o 28 años y estaba en plenitud física. Pero aquella mirada me descontroló. No se puede decir por qué.

–Usted ha sido uno de los pocos toreros, que gracias a su inteligencia, podía y pedía toros de Santa Coloma ¿Por qué lo evitan hoy las figuras?

–El santa Coloma es un toro complicado. No se puede uno arrebujar. Tiene una cosa buena, que te canta muy pronto sus verdades, tanto sus virtudes como sus defectos. Pero tiene su sitio y no deja que nadie le invada su terreno. Es muy listo. Claro, que haciéndole las cosas bien no es tan listo. No hay que arrollarlo. Si le invades su terreno es arisco. Ahora sale un toro que no se mueve y que aburre al público y al torero.

–Creó una ganadería, ‘Los Camino’, con encaste Domecq ¿Cuáles son sus metas?

–No la tengo para venir a Sevilla ni a ninguna plaza de responsabilidad. Me gusta el campo y por eso la cree. Tengo unas 70 vacas de santacoloma y 80 del Marqués de Domecq. No quiero más. Todo lo llevo en la cabeza. Lidio unos 50 becerros al año. Este año lidiaré cinco novilladas.

– ¿Cómo vivía sus éxitos?

–El triunfo, como un derecho que me correspondía. Pero como tenía que torear al otro día, no he sido hombre de noches ligeras.

– ¿Cuál fue su mejor faena?

–La que queda por hacer. Nunca se sabe qué faena ha sido mejor, porque cada toro es distinto. Todas las faenas buenas tienen algún defecto. La que considero mejor se la hice a un toro berrendo de Francisco Galache en Madrid. Tan sólo me dieron una oreja, pero para mí gusto bordé el toreo al natural. Sería en el año 64 o 85.

– ¿Qué sentía en esos momentos, cuando toreaba de esa manera?

–Al torear bien yo me encontré a gusto y feliz. Eso de que estás en una nube o en el cielo o que van o que vienen, creo que están como cabras. Yo no he estado en una nube nunca. El toreo hay que sentirlo, pero nunca en las nubes.

– ¿Tampoco cree en la inspiración?

–No entiendo de esas cosas. Yo entiendo en si te vas a arrimar o no. Imagínese, al aficionado preguntando al torero: ¿mi alma, te vas a inspirar mañana?... Si te vas a inspirar mañana vengo a verte.

– ¿Capote, muleta o espada?

–La muleta. Aunque con las tres cosas no lo he hecho mal.

–Muy pocos han estoqueado como usted ¿En dónde está el secreto para hacerlo bien?

–En pasar los pitones del toro. Para mi gusto tiene menos peligro el hacerlo.

–¿Cómo le afectaban las cornadas?

–Y algunas veces perdía el sitio, como todos, pero durante pocas corridas.

–¿Cuáles fueron las más fuertes?

–Una en Bilbao y otra en Aranjuez. La de Aranjuez fue en el pecho, para quitarme. Volví y toreé un año más para que nadie creyera que no quería volver por miedo.

–Supongo que lo más duro fue la muerte de su hermano Joaquín, corneado mortalmente en 1973 en la plaza de Barcelona.

–Fue una desgracia. Les ha tocado a muchas familias la misma historia. Yo me retiré un poco por mi madre y mi padre. Para no darles un disgusto. Si hubiera seguido toreando ese año, se me hubiera pasado rápido. Me afectó mucho.

–¿Consiguió todo lo que quería?

–He llegado a tener una comodidad y a tener amigos por todo el mundo. Todo lo que soy se lo debo al toro.

–Varios críticos y escritores coetáneos suyos le reprochaban que no daba todo lo que tenía. Incluso Cañabate dijo aquello de ‘la mandanga’.

–Yo me tuve que guardar algo. Si lo hubiera dado todo me hubiera quedado sin nada y eso no es bueno en la vida en ningún sentido.

–Su último retorno fue para dar la alternativa a su hijo Rafael ¿Qué piensa de esa historia?

–Yo lo puse en el camino. Luego, hizo lo que quiso él. Toreó 50 novilladas. Tomó la alternativa. Lo dejé encarrilado con José Antonio Chopera.

–El trasplante de hígado, ¿le ha cambiado la vida?

–No. He seguido haciendo lo mismo. Únicamente que ya no me puedo tomar un vino; lo demás, todo. Vivo tranquilamente en el campo y salgo para ver las ferias de Valencia, Sevilla, Madrid y Salamanca o Valladolid y ahí termino la temporada.

jueves, 12 de junio de 2008

Debutó Cavazos en la México hace 42 años


Recuerda Eloy debut con vestido ajeno


En bronce... Eloy es el único torero mexicano en activo que tiene una escultura en la Plaza México.

Foto: archivo



Guillermo Leal

12 junio

Tuvo que alquilar un vestido azul y oro para debutar en la Plaza México.

Con él logró su primer triunfo; con él, su primera cornada, y después, para colmo, no le alcanzó el dinero para pagar la compostura.

Todo en una misma tarde, inolvidable para el maestro Eloy Cavazos, pues fue aquella del 12 de junio de 1966 cuando pisó por única vez como novillero el ruedo del coso más grande del mundo.

Muy gratos recuerdos los del regiomontano quien hoy, convertido en una primerísima figura del toreo, habla con frescura de ellos, como si no hubiese pasado el tiempo.

"Fue una tarde preciosa, porque era mi debut en la capital y recuerdo que eran novillos de Santa Martha, ganadería que está en Lagunillas, Michoacán; alternando con Gonzalo Iturbe y Leonardo Manzano, recuerdo que tuve que alquilar un vestido de torear azul y oro precioso.

"Y pues para mi fortuna al primer novillo le corté las dos orejas y en mi segundo hubo una petición muy grande de oreja, sólo que ya no lo pude ver porque a la hora de entrar a matar me dio mi bautizo de sangre, me dio una cornada. Por todo ello la fecha del 12 de junio de 1966 es inolvidable para mí", señaló el maestro Cavazos.

Aquella novillada del debut del diestro regiomontano fue la séptima de la decimonovena temporada chica en la Plaza México.

El novillo del debut de aquel joven torero nacido en Guadalupe hacía 16 años, se llamó "Trovador" con 340 kilogramos, al que le cortó las dos orejas, lidiado en segundo lugar y que le permitió ser el triunfador de ese festejo.

El quinto fue "Gibarito" con 340 kilogramos, lidiado en quinto lugar y que le dio su primera cornada.

Contra lo que se pudiera pensar, Eloy no regresó a la Plaza México como novillero, lo hizo ya en plan de matador de toros.

"Ya nos habían ofrecido la alternativa antes de esa novillada en la México y como se habían dado las cosas tan bien y además Pepe Alameda había transmitido el festejo a todo el País, que 'Don Rafa' (así le llama a su apoderado de toda la vida, Rafael Báez) me dijo que no regresáramos que el ambiente que había a raíz de la novillada en la México era perfecto para hacerme matador de toros y así fue.

"Además pagaban muy poquito y si en la primera había quedado yo a deber la compostura del vestido que me rompió el novillo por la cornada, y las fotografías que necesitaba yo para hacerme publicidad, pues mejor no endeudarnos más. Tomé la alternativa en agosto de 1966 y cuando volví a la México fue ya como matador a confirmar la alternativa", recordó Cavazos.

El "Pequeño Gigante de Monterrey" toreó 71 corridas de toros en la monumental capitalina, desde el 14 de enero de 1968 cuando confirmó la alternativa de manos de Alfredo Leal y Jaime Rangel, con toros de Jesús Cabrera, hasta el 16 de diciembre del 2001 cuando vistió por última vez de luces en la capital del País, a la que volvió un año después a un festival.

"La México es una plaza en la que hubo muchas broncas -la mayor el día de su primera despedida de los ruedos-, muchas cornadas, pero también muchas satisfacciones, de haber alternado con todas las figuras del toreo, y peleado las palmas a todos. Lo que más satisfecho me deja es que pude también pelearles a los nuevos, por ejemplo tuve la fortuna de torear con César Rincón, una figura del toreo que nació en 1968, dos años después de que yo había tomado ya la alternativa, y haber cortado cuatro orejas y un rabo".

Con fechas, con nombres, con anécdotas, todo con una claridad pasmosa, sorprendente de un hombre que está apunto de pasar a ser leyenda.

Con datos de Carlos Kreimerman e Historia de una Monumental Cincuentona

Publicado en REFORMA

REGRESAR A EN LOS MEDIOS


Francisco Lazo




12 de junio de 2008

Largo camino de Eloy

Un día como hoy se presentó de novillero

A sus 58 años de edad y 42 de alternativa


por Francisco Lazo

AMIGOS, un día como hoy, 12 de junio pero del año 1966, se presentó como novillero en la Monumental Plaza México Eloy Cavazos Ramírez, cuando apenas salía de su niñez y pronto habría de convertirse en un astro del toreo universal.
Ahora Eloy está ya a las puertas de su retiro luego de casi 42 años de alternativa, suceso que ha de ocurrir el 28 de agosto venidero en la plaza Lorenzo Garza de su natal Monterrey.

A sus 16 de edad ya tenía al público nacional en un puño luego de haber toreado 33 novilladas en cosos del país antes de presentarse a la afición capitalina. En su debut en la Gran Plaza de Insurgentes le cortó las orejas a su primero llamado Trovador bajo el entusiasmo general procedente de la ganadería de Santa Marta y su segundo Jibarito le infirió una cornada en el muslo derecho pero ni eso le detuvo, pues no se fue a la enfermería hasta liquidar a su enemigo.
Eloy había causado gran expectación por su precocidad torera y ya hacía prever la gran figura que ha llegado a ser en el toreo del mundo. En esa tarde alternó Eloy con Gonzalo Iturbe y Leonardo Manzano y uno no se explica por qué siendo tan buenos toreros estos dos últimos no llegaron a la cumbre del toreo.
Aquella cornada que fue su bautizo de sangre no pareció hacerle mella en su decisión por llegar a ser un diestro que ha arrebatado a los grandes públicos llenando su historial de múltiples triunfos, sin escapar a los trances dolorosos que ha padecido tras 25 cornadas a lo largo de su prolongada trayectoria que ha de dar fin el próximo 28 de agosto día planteado para decir adiós al toreo, aunque la afición y público capitalino bien pudiera llegar a cambiarle estos planes.

El caso de Eloy es singular por lo que hace a los aficionados y concurrencia en general, ya que todos y en todas las plazas donde ha actuado siempre le han dado el respaldo masivo, aunque no haya escapado a las llamadas de atención que le han hecho cuando no se ha salvado de los inevitables contratiempos que todo torero por muy querido que sea no está exento.
Siempre ha manifestado que en lo que piensa primero antes de actuar es que nunca dejará de buscar el triunfo para satisfacción de los que van a verle torear y propia. Y agrega que duele más un fracaso que una cornada.

Hace tiempo le preguntábamos que si había tenido grandes broncas y respondió que nadie, ningún torero escapa a ellas pero que sabiéndolas asimilar se evitan en lo sucesivo.
En realidad en la hoja de servicios de Eloy aparecen pocas, muy pocas tardes para no decir que casi ninguna en las que se haya visto duramente censurado por el público. Y a otra consideración comenta que las tardes son para arrimarse y hacerle fiestas a los toros.

El 28 de agosto de 1966 tomó la alternativa allá en Monterrey de manos del leonés Antonio Velázquez Martínez y atestiguando la ceremonia el regiomontano Manolo Martínez Ancira, con el toro Generoso de la ganadería de Mimiahuapan y confirmó en la Gran México el 14 de enero de 1968 con Alfredo Leal y Jaime Rangel con toros del hierro de D. Jesús Cabrera y su segundo le pegó dos cornadas, una en el muslo izquierdo y otra en el glúteo derecho.
Eloy ratificó su doctorado mexicano en Madrid el 20 de mayo de 1971 apadrinado por Miguel Mateo "Miguelín" y de testigo Gabriel de la Casa con toros de D. José Luis Osborne y cortó una oreja en cada uno de su lote para salir a hombros.

Eloy ha actuado en gran número de plazas españolas y sudamericanas obteniendo éxitos en todas ellas y llevándose también el duro castigo de los percances que aparecen en su largo historial. Eloy recuerda también con alegría aquella jornada en la que en un solo día toreó cuatro corridas en plazas cercanas de El Bajío empezando a las nueve de la mañana para terminar a las diez de la noche. Cortó un montón de orejas pero lo más emocionante fue verle con renovado ímpetu de uno a otro festejo. ¿No te cansaste?, fue la pregunta y respondió, "los aplausos fortalecen". Así sintetiza Eloy más de 1,800 festejos toreados.

Publicado en el ESTO

REGRESAR A EN LOS MEDIOS




martes, 10 de junio de 2008

Una Crónica de Oro"

Rincón Taurino

12/06/08"

Hola:

Aqui tienen mi "Rincón taurino" de esta semana, nuevamente sobre Pepe Ortíz, "EL Orfebre Tapatio" ahora titulado "La Crónica de Oro" que se refiere a un trabajo de la época escrita por Don Armando de Maria y Campos, luego de la realización de la mejor faena de su vida al toro "Serpentino". Espero que les guste.

Yo no me acuerdo muy bien, pero no creo haber visto a Pepe Ortíz en la plaza, esto pese a que comencé a asistir a los toros al viejo Toreo de la colonia Condesa, en 1942, el 8 de febrero para ser mas exactos y Pepe se retiró de los ruedos, en la misma plaza pero hasta el año siguiente.

Puede que si como puede que no, pero el hecho no me importa tanto porque me se de memoria su vida, digamos que como El Padrenuestro y la puedo repetir sin problemas, ya que mi madre fue profundamente "Orticista" y se pasó la vida contándomela, cuando me llevaba a la escuela, al coro los sábados o a ver al Dr, Vas Dresch, pero especiamente en las largas veladas de sus últimos años. Me contaba santo y seña de "su" torero. Lo mismo los colores de los ternos que usaba que cuando los había estrenado.

Ella -mi madre- se sabía todo;: los nombres de los toros que había inmortalizado, sus quites, los alternantes de los carteles, era experta en los detalles de la corrida y el año en que ganó la "Oreja de Oro", del como y el porque la ganó.

Hasta los argumentos de las películas que hizo, ya que Pepe era un buen libretista y hasta actor, cuando pasaban una película vieja, de media noche en el canal cuatro, de esas en que al final del reparto, se podía leer argumento o libreto de José Ortíz Puga, ella se quedaba hasta la madrugada viendo toda la pélícula.

Por ello cuando recibí el precioso libro de Robeto Gomez y encontré en sus páginas tantos recuerdos, no dudé en reproducir la crónica integramente, mientras la iba leyendo, era como si hablara Rosita de Pepe Ortíz.

saludos cordiales

Antonio Casanueva


-------------------------------0-0-0-0-0------------------------------------------


Dicen que el arte genera mas arte, que los artistas con su diario devenir inspiran y motivan a quien les rodea produciendo mas arte. Así, hablando de los toreros artistas como en su tiempo lo fue Pepe Ortíz, de quien nos ocupamos la semana anterior en este mismo espacio, quien generaba con su toreo nuevas obras de arte dentro y fuera de los ruedos.

Un ejemplo de lo anterior, es esta preciosa crónica tomada del precioso libro de Roberto Gómez; "Pepe Ortíz, "El Orfebre Tapatio", al que nos hemos referido la semana anterior y que podríamos seguir escudriñando para recordar a tan gran torero y muchos mas de aquella época inolvidable. Esta crónica escrita por Don Armando de María y Campos, quien en sus actividades como comentarista solía firmar sus artículos con el seudónimo de "EL Duque de Veragua", fué publicada en la revista especializada : "Ortiz, Orticinas y Orticistas" con motivo del mayor triunfo de Pepe Ortiz en su mejor y más artística faena, realizada al toro "Serpentino" de Atenco en la última corrida de la temporada 1929-30, el 16 de marzo de 1930 en El Toreo capitalino, alternado con Jesús Solórzano y Paco Gorraez y que transcribimos a continuación:

UNA CRONICA DE ORO.

Resurrexit. José Ortiz, torero mas fino. El Bembenuto Cellini de la auromaquia, como el Ave Fénix clásico, ha surgido de sus propias cenizas.....

Le ha bastado solamente que la suerte le deparara un toro bravo y fino para hacer una faena de torero inspirado y excepcional, la faena de su vida de torero sin duda, con la que de golpe y porrazo ha vuelto a ocupar el primer sitio de los toreros mexicanos, tornando a ser el preferido del público de México que justo y gozoso lo paseó en hombros por la ciudad después de la triunfal corrida , trayéndole así, en popular y pública apoteosis desde la Plaza El Toreo hasta una de las calles de Gante.

Resurrexit....Pepe Ortiz, vive y continua siendo el mejor,el mas fino, el mas artista y el mas clásico también de cuantos han nacido en México. De nada sirvió la campaña que en su contra y para arrancarlo de raíz del corazón de los aficionados se hizo durante toda la temporada....Un toro de Atenco, de nombre "Serpentino", bravo, noble y suave lo ha reivindicado, le ha hecho justicia y le ha ascendido al mariscalato de los toreros de América . De aquí en adelante, después de la maravillosa e inenarrable faena a "Serpentino" no puede haber en México, un cartel de altura sin el nombre de Pepe Ortiz, supremo artista del toreo, brujo del capote, mago de la muleta y domador de multitudes.

EL ARTE NACE DEL ALMA.

No, el toreo creador de Ortiz, no podía ser un toreo perdido por el simple hecho de que el torero tuviera que tropezar tarde con tarde con una serie de mansos. Cuando el arte nace de lo mas hondo del alma, aún cuando sea ligero, aún cuando sea ingrávido, radica siempre en una capa profunda del ser y así la ilusión de ingravidez o de inseguridad es mas perfecta como en el toreo de Ortíz. El árbol mas alto, aquel cuyas ramas

parecen mas aéreas , menos pesadas, es el que finca mas hondamente raíces.

UNA GRAN FAENA DE ORTIZ

El toro de la resurrección de Ortiz, un bravísimo atenqueño, se llamó "Serpentino". Salió avanto y poco a poco, Pepe lo fue metiendo en su maravilloso capotillo. Cuando ya se hizo del toro, se estiró y muy cerrado en tablas ligó cuatro hermosísimas verónicas, lentas, graciosas, recreándose materialmente en el bobo embestir del toro, verónicas puras en la mas amplia acepción de la palabra que el público coreó como si fuera una sola y extentorea garganta. Un farol para enmendarse y salir un poco al tercio y un remate elegante como torero. Y la ovación con música fue de las de día de fiesta.

De tanda Berrendo y Mota, pica aquel por delante y Ortíz hace un gran quite, por gaoneras. No sabemos si el lector habrá reparado en que siempre que tenemos que decir que el torero, se hecha el capote a la espalda para darle variedad a su toreo hemos dicho "que torea de frente por detrás con el capote a la espalda", pero nunca jamas por gaoneras, porque este lance de belleza imponderable que parecía que Gaona se lo había llevado consigo. De vez en cuando Balderas, en ocasiones Heriberto, pero como aquel ninguno....¿ninguno? Si, Pepe Ortiz con "Serpentino" se hechó el capote a la espalda como aquel haciendo de este momento un lance y luego ligó hasta cuatro lances a "la gaonera" jugando los brazos admirablemente, toreando con el capote por detrás , sacando el pecho para que se lo risaran los pitones asesinos, cargando la suerte, con la pierna contraria ligeramente adelantada, todo como aquél, en sus momentos de genial inspiración . El público loco de recuerdo y de realidad porque la gaonera de Ortíz tan clásica y tan pura en su ejecución como la de Rodolfo, tan majestuosa y elegante y es mas fina, aplaudió con locura a Ortiz y obligó a que la música le tocara varias dianas.

CLASISISMO PURO.

Ortíz brinda al público desde el centro del ruedo y de rodillas intenta dar un pase cambiado, desiste porque el toro no parece embestirle claro y de pie comienza su gran faena, la mas clásica, la mas torera de cuantas le hemos visto. Un ayudado estatuario y otro por alto excelente, preciso. Se pasa la muleta a la izquierda y señores ¡descubrise! ante la estupenda faena de torero clásico que hizo Ortiz. Un natural lento, sereno, natural en una palabra. Otro natural mejor que el anterior, otro mas y otro de pecho, pasándose al toro tan ceñido que el bravo "Serpentino" se debe haber llevado entre los pelos del costillar lentejuelas del traje del tapatío. Como si estuviéramos realizando una faena de ensueño, sigue Ortíz toreando con la izquierda, ahora ligando un natural y un pectoral como solo se lo habíamos visto a Belmonte en el año 22. Si Ortíz no hiciera mas, esto bastaría y sobraría para que calificáramos su faena con "Serpentino" como la mas clásica que hemos visto durante la temporada y la mejor que desde luego este torero ha logrado cuajar en su carrera.

Pero Ortíz, poeta del toreo, inspirado como nunca, sigue toreando con un valor tan sereno y natural que ni valor parece. Cuaja varios pases cambiándose de mano la muleta, recreándose, por abajo, altos, pectorales, molinetes, recreándose en el girar, un afarolado modelo de perfección, llevando estoque y muleta en la diestra y otro asombroso por su sencillez y valor llevando la muleta en la izquierda. Los de la firma, no los ejecuta, los dibuja. El público ya no aplaude, sino chilla, se desgañita. Tres faenas lleva hechas y aún sigue toreando, ahora por adelante con una gracia y naturalidad que no hemos visto en ningún torero. Le cuadra el toro y con sencillez como si lo que dejara atrás no fuera su consagración como el mejor torero que hoy tiene México, como si no se hubiera ganado el contrato para la próxima temporada "como a él le de la gana", entra a herir y coge media estocada en la yema que mata a "Sepentino" como hecho por un rayo. El de pañuelos se vuelve uno solo y enorme pañuelo pidiendo para Ortíz las orejas y el rabo, el bravo "Serpentino" entero si es preciso. Un detalle curioso: el primer pañuelo que apareció demandando a la Autoridad, las orejas para Ortíz fue el de la misma Autoridad........

TRIBUTO POPULAR

Da la vuelta y la vuelta para el toro que también se la merece. Otra vuelta y otra mas se obliga a dar al gran torero que después de dar las gracias desde el centro, aún tuvo que dar otra vuelta devolviendo prendas.....

Duque de Veragua

Hasta aquí, le bella crónica de Don Armando de María y Campos reflejo de que el arte crea arte y recuerdo de una época que para nuestra desgracia no volverá......

Antonio Casanueva

REGRESA A EN LOS MEDIOS, CLICK


lunes, 9 de junio de 2008

RUANO LLOPIS


CLICK EN LA IMAGEN PARA AMPLIAR






sábado, 7 de junio de 2008

José Tomás a fondo



josé tomás Román Martín

Nacimiento:

20-08-1975

Lugar:

(Galapagar)

Primer tercio

La ruta hacia la cumbre

Entonces aún le tiraba más el fútbol, y sobre todo su Atleti. Fue en casa de su familiar Victorino Martín cuando se atrevió a torear un toro cinqueño de la ganadería, vestido con una sencilla camisa a cuadros y de un valor tan puro como su concepto taurino.

Debutó en una novillada de la feria de Valdemorillo de 1991 en la que José Tomás deslumbró a los espectadores. Desde ese día y con muchas dificultades, su ruta hacia la cumbre tuvo un primer escalón marcado por la negativa familiar a que para torear tuviera que pagar, práctica tan frecuente como inmoral y sustentada en la poca ética de quienes se hacen llamar empresarios.

Más tarde le ofrecieron ir a México a curtirse como novillero, y, como acompañante, se puso un banderillero avezado y genial de nombre Antonio Corbacho, que iba a moldear al torero a su imagen y semejanza. Forjará a un rebelde, esculpirá la materia pétrea de todo un hombre en las plazas de México, que iba andando hasta los cercados, volvía a pie de los tentaderos y sabía lo qué es no tener ni para comer una quesadilla.

Fue en la bonita plaza de Aguascalientes donde un novillo mexicano le produjo el bautismo de sangre, pocas semanas antes de su debut en la plaza México. Regresó a España para torear dos novilladas en Valencia y Barcelona. El 24 de septiembre de 1995 salió a hombros de Las Ventas. Para agradecer la generosidad de México, José Tomás aceptó el ofrecimiento de la Monumental y fue allí donde el 10 de diciembre de 1995 Jorge Gutiérrez le concedió el rango de matador de toros, en presencia de Manolo Mejía.

En 1996 sufrió, recién ascendido de categoría, la más grave cornada de su vida profesional: un toro de Begoña le partió la femoral en la plaza mexicana de Autlán de la Grana. En la enfermería se vivieron momentos de intenso dramatismo. Recuperado, confirmó su alternativa en Las Ventas de mano de Ortega Cano y con Jesulín de testigo.

Primera temporada triunfal. Segunda temporada de ratificación de cuanto se preveía. Se hizo hueco en el cartel con los mejores. Se sucedieron hasta 1999 los triunfos. En este último año, Ponce consiguió aliarse con el novel El Juli para juntos formar pareja y parar el vendaval Tomás. Fue entonces cuando prescindió de sus apoderados y rechazó la oferta que el poder taurino por excelencia le formuló: los Hermanos Lozano le ofrecían el oro y el moro pero José Tomás prefirió la independencia y la rebeldía para seguir su camino, sin plegarse a la conveniencia de los grandes.

Desde ese día, y pese a que José Tomás siguió cosechando clamorosos éxitos en plazas decisivas como Las Ventas de Madrid y La Maestranza de Sevilla, se inició tanto un cierto declive en su ambición como cierta revisión de su concepto taurino. Y en septiembre de 2002, cuando en su ánimo habían pesado también las batallas y las heridas de los despachos, José Tomás se retiró.

Segundo tercio

El silencio de un matador

Es su reencuentro con la vida. La amistad con intelectuales como Boadella, Arcadi Espada, Vicente Amigo o Joaquín Sabina forja una nueva persona y fragua un misterio. Su soledad en la casa malagueña de Estepona se palia con el ejercicio del fútbol sala, del esparcimiento soleado, con el placer del anonimato y con la delicia de no ser quien es. Son cinco años de muchos viajes a México -como Manolete- para encontrar allí el sentido de la amistad, la lejanía del mezquino ambiente taurino español, y el placer de compartir con su amor un nuevo hogar en el campo cercano a Aguascalientes.

Pasan los años y en su ausencia se consolida el conservadurismo en el negocio, se hace políticamente correcto el poderío sin clase, el pellizco sin valor, la casta sin arte, y las empresas gozan de aquellos beneficios atípicos surgidos de los derechos de televisión administrados con sigilo.

Tércer tercio

La victoria comprometida

Tomás anuncia su regreso en la primavera de 2007, apoderado por un periodista y músico, y para acreditar su compromiso con la sociedad, con la fiesta amenazada, decide hacerlo en la Monumental de Barcelona, víctima propiciatoria de la lenta agonía del toreo en Cataluña.

José Tomás reaparece en Barcelona el 17 de junio de 2007 y lo hace para devolver al toreo unos principios de calidad y verdad frente a cantidad y mixtificación. El clamor unificó a partidarios y a simples espectadores y José Tomás tomó una bandera. Asumió el eterno compromiso de los valientes y los privilegiados. Y como era de esperar desde ese día tuvo enfrente a los suyos. Empresarios, periodistas y ciertos compañeros de la mediocridad se dedicaron a difundir mentiras, a socavar su prestigio taurino y social, a tildarle de todo con tal de que su pujanza, pureza y verdad no arrasara a sus mediocres clientes, acampados en las trincheras del acuerdo y la mesa compartida.

Fueron sólo dieciséis corridas de toros, bautizadas burlonamente en los medios como la tournée como si de una vedette se tratara. Y José Tomás arrasó, devolvió la emoción a los ruedos, la sensación de riesgo perdida, la trascendencia de una generosidad corporal sólo al alcance de los de valor auténtico. Decidió regresar sin acceder a hablar con los medios y de nuevo a impedir que con su sangre y sus cicatrices se lucraran los mercaderes del templo.

En 2008 el objetivo era conquistar Madrid para la causa del sincero entusiasmo, devolver a los aficionados el placer de viajar detrás de un torero y a quienes se habían alejado de las plazas hartos de tanta figura de la geometría euclidiana y de la regla y el cartabón -eso sí, a prudente distancia del toro para que éste no tuviera la ocurrencia de pasar cerca de la taleguilla del artista-.

Y así sedujo a las plazas de Castellón y Valencia en febrero y marzo, a Jerez, Granada y Córdoba en mayo, y por fin José Tomás reconquistó el Madrid de su infancia. El jueves, 5 de junio de 2008, devolvió a la afición la unanimidad perdida en torno a la verdad. Y el próximo día 15, otra vez en Las Ventas, el clamor será de nuevo la esperanza de que el toreo ha encontrado un valedor ante tanto incrédulo, un auténtico creador capaz de comprometerse con su misma entraña y un hombre sencillo, ajeno a la hoguera de la vanidad, que hoy disfruta de su bien ganada soledad en las finas arenas de la playa.


Datos personales

Mi foto
Puebla, Puebla, Mexico